lunes, 2 de noviembre de 2015

Las cosas malas

Hoy una niña de 10 años con alergia a la leche desde que nació me planteó lo siguiente ligeramente enfadada con el mundo:

-No pude probarlo nunca porque me sienta muy mal pero, y si me gustase, ¿qué me estoy perdiendo?

Me dejó un poco en shock en parte porque me doy cuenta que a los 10 años no sabía que ya eres bastante mayor para darte cuenta de que la vida no es todo un cuento. Pero ahora le respondo desde aquí esperando poder contestarle realmente algún día:

-Hay muchas cosas que no nos sientan bien en la vida, no me refiero sólo a alimentos, sino a situaciones o incluso a personas. Por mucho que te gusten o te puedan llegar a gustar, si te hacen daño no merecen la pena.

Me reprocho a mí misma el no poder haberle respondido y haberla tranquilizado. No es ella sola la que tiene restricciones, todos las sufrimos aunque algunos tengan que aprenderlo desde tan jóvenes.

Cuando llueve

A lo largo del tiempo se han realizado símiles entre la vida y un camino. Todos tenemos un camino que seguir, las personas se pueden torcer en el camino, etc.

La pregunta que me consume por dentro es: ¿dónde lleva ese camino?

Me intento imaginar la vida de todos los millones de personas en el mundo y veo una especie de isla con muchos edificios diferentes, cada uno con un significado diferente. No veo ningún camino definido dentro de ella, sólo un viento muy fuerte que empuja a las personas más débiles al acantilado.

Por eso, cuando llueve, cuando hay tormenta, cuando nieva, ¿merece la pena exponerte? Uno de esos fenómenos puede arrastrarte consigo, pero en caso de que no lo consiga, serás más fuerte y vendrán nuevas tormentas a las que ya no tendrás miedo. Merece la pena si tu objetivo es seguir viviendo en la isla que es el mundo.

Pero todo esto empezó hablando de que la vida es un camino, aunque yo no lo vea así. Simplemente veo que puedes ir a cualquier sitio, caminar en círculos e incluso volver sobre tus pasos, aunque eso no siempre implique volver a ver a las personas que había antes, pues ellas también se mueven. Existe libertad casi total de movimientos. Hay muchas más opciones de las que nos podamos imaginar y por eso hablar de la vida como un camino es limitarla.

Camina sin más, descubre, y puedes permitirte resguardarte de la lluvia y del viento durante un día, quizás dos, pero no dejes que un temporal inerte te vuelva inerte a ti también.